Arno Stern dedicó toda su vida y carrera profesional a descubrir y documentar el juego del trazo y la capacidad de expresión del ser humano. Lo llamó “Formulación”.
Lo pudo vivir en sus talleres a lo largo de muchos años y a lo largo de una década viajó por diferentes lugares del mundo, en diferentes entornos, pero siempre con características comunes: lugares no influenciados por el mundo de la imagen y el consumo, visitando así pequeños poblados en desiertos, selvas…
En estos viajes llevaba papel y pintura. No había explicaciones ni directrices. Simplemente había que pintar con ellos.
En todas las circunstancias las personas de todas las edades trazaron siguiendo unos patrones comunes que Arno documentó: torbellino, gancho, punteo, etc…
Como esto se repetía sin importar la edad (aunque la edad marcaba diferencias en la formulación), sin directrices y sin importar el lugar de procedencia en todas las personas, se entiende que la formulación es un proceso UNIVERSAL.
Como era algo que nacía del propio ser, se entiende que es una necesidad de EXPRESIÓN.
¿Qué significan esos trazos? ¿Qué consecuencia tiene que no se den? Arno se abstuvo de hacer interpretaciones que no podía de ninguna manera demostrar (muy al contrario de lo que estamos acostumbrados a leer y ver en un mundo en el que lo normal es hacer juicios y pedagogías basados en interpretaciones).
Lo que sí podía asegurar, tanto Arno, como Diraya Expresión, como otras personas que han tenido talleres de pintura, es que son momentos que reportan una gran paz y bienestar a las personas protagonistas.
¿Qué tiene que ver esto con un boli y unos colores?
Sigo.
De todo lo explicado antes, podrás concluir que la formulación no tiene nada que ver con el arte. Y en este caso, no se pinta para hacer arte, sino para formular y, por lo tanto, crear y expresar.
En el arte también se puede crear y expresar, sí., pero el arte siempre tiene un componente que va más allá: Se expone, se muestra, se busca hacer algo bello, está influenciado por otras obras artísticas o por la naturaleza misma, hay juicios (positivos o negativos).
No critico nada de esto, pero es diferente a formular y a expresar sin más.
En la infancia más temprana, que es con la que yo trabajo principalmente, de 0-6 (sobre todo de 0-3) me interesa centrarme en la formulación. ¿por qué? porque pienso que los niños están en un proceso de desarrollo muy potente y amplio de su propio ser y que la ventana de oportunidad a nivel de desarrollo neuronal y de vivencias y experimentación es tremenda.
Habrá tiempo en la vida para hacer arte sin duda, momentos en que el niño esté más preparado, pero ahora pienso que es tiempo de expresar, crecer y poder ser libre del juicio y expectativas ajenas.
Como lo que me interesa es que el niño formule, voy a quitar todo lo que interfiera en la formulación.
Entre esas cosas que interfieren nos encontramos con el exceso de material y concretamente con colores y diferentes materiales artísticos.
El exceso hace que colapsen y acaben “consumiendo” más que experimentando. En particular, en etapa 0-3 he vivido que hacen de todo menos pintar o formular con el material: se lo meten en la boca, se lo comen, hacen otros juegos diferentes con él… Esto me lleva a diferentes situaciones, en las que en muchas ocasiones tengo que estar muy encima de los niños interfiriendo y dirigiendo continuamente para asegurar su bienestar, su seguridad y el cuidado de los materiales.
Claramente para mí no es el momento idóneo para ceras de colores, lápices de madera, ni que decir de témperas, acuarelas, etc…
Miguel Castro y Vega Martín recomendaban en sus talleres que ofreciéramos a los niños un simple boli bic.
El boli bic es un material sencillo, sin mucha distracción, con punta dura que no va a romperse porque el niño apriete fuerte (cosa que sucede siempre al principio de la formulación, sobre todo pensando en los torbellinos, el punteo, etc…).
Claramente para mí siempre ha sido la mejor opción en las aulas después de probar varias.
No obstante también me he encontrado a veces dificultades, sobre todo hasta los 3 años aproximadamente. Por ejemplo, uno de los juegos preferidos con el boli bic es sacarle la parte de dentro al boli y jugar a encajarlo de nuevo.
También se llevan el boli a la boca y a veces le pueden acabar rompiendo la punta o se los van llevando por la clase para guardarlos en otro sitio, pintan en la mesa, etc…
Lo que yo hago entonces es tener papel y boli a su disposición. Si los niños son mayores de 3 años y los veo tranquilos con eso, dejo bastante cantidad. Para los niños más pequeños dejo un boli y un par de hojas. De esta forma puedo acompañarlos mejor sin perder el control de la situación marcando las rutinas y límites que me parezcan adecuadas (por ejemplo: el boli es para pintar, se pinta sobre el papel, se pinta encima de la mesa, no en el suelo, etc…). Cuando acaban un dibujo pongo su nombre y fecha en la parte trasera de la hoja, la guardo en su carpeta y les ofrezco otra hoja. No hago ningún comentario sobre el dibujo, ni positivo ni negativo.
A veces hay niños que me piden llevarse el dibujo a casa o guardarlo en su mochila. No me gusta esta opción porque se que es muy probable que en casa se hable del dibujo y se hagan juicios o interpretaciones (¿es un sol? ¡Qué bonito! ¿Qué es?, el sol no se pinta así, se pinta asá, etc…). Son comentarios nunca mal intencionados pero que influyen enormemente en la capacidad creadora del niño. En esos casos les vuelvo a preguntar si prefieren guardarlo en su carpeta. Si el niño está empeñado en llevárselo a casa le dejo. Sé que hay personas que para proteger del juicio ajeno prefieren marcar ese límite y no dejarle, pero yo no me siento cómoda con eso y lo hago como he dicho.
En ocasiones muy puntuales también utilizo en clase otros materiales artísticos como ceras de colores, témperas, etc… Siempre las ofrezco cuando tengo un apoyo y puedo estar pendiente del cuidado de los niños que realicen esta actividad. Sinceramente no las saco a menudo en la etapa de 0-3 años porque realmente pienso que no les aporta mucho y prefiero que experimenten y creen con cualquier otra cosa que puedan encontrar en la naturaleza.
En los talleres de pintura y expresión basados en la formulación y la educación creadora, que son copia de los que creo Arno (no por nada, simplemente es que Arno lo tenía todo los detalles pensados y no me imagino nada que pudiera mejorar) y que aprendí con Vega y Miguel en su taller de Bilbao sí que utilizo pinceles y pintura. Se pinta en la pared y el material se limita al antes mencionado. En clase no podría hacer algo así y adapto el material a la situación y a las personas a las que acompaño. En cualquier caso la formulación se da y la posibilidad de expresión es acompañada desde la asistencia y respetada.
Hay mucha info en los libros de Arno Stern y en la web de Diraya si queréis continuar indagando en este interesantísimo y valioso mundo.
Ver a las personas entrar de lleno en el juego de pintar es simplemente mágico y me hace feliz poder asistir y cuidar desde fuera.