No me gustan los cuentos de emociones ni psicología para niños. Es una manía que tengo.
Tampoco me gustan los libros que hablan de salud, bienestar, etc para niños.
Da igual que estén disfrazados de historia o que las ilustraciones sean preciosas. Incluso que la historia tenga fuerza y sea realmente emotiva.
Es como contar una historia con moraleja, adelantando la moraleja. Pienso que entramos de nuevo en esta posición de superioridad “yo estoy aquí para enseñarte”. Te voy a enseñar esta moraleja, este aprendizaje, estas emociones…disfrazándola de historia.
Pero la historia real se pierde.
Las historias no son eso. Los cuentos no pueden ser eso. No para mí.
Una historia tiene que ser divertida, emocionante, recurrente, adictiva.
Una historia tienes que querer escucharla mil veces. Tienes que engancharte y desear que te la cuenten una y otra vez para sacar nuevos matices.
Los cuentos de tradición oral son espectaculares. Sencillos y divertidos. Llenos de disparates, monstruos, princesas, príncipes, magia, villanos. Está la vieja, el sabio, el hada, el niño, la niña, los animales.
Están llenos de arquetipos con diferentes significados. Los cuentos de tradición oral son para todos los gustos y colores. No pueden ser machistas aunque haya princesas porque hay tanta variedad que los niños siempre se sentirán identificados. A veces la mujer es fuerte, sabia, poderosa. A veces el hombre. A veces es un animal. No hay edades.
Un cuento de tradición oral nos enseña cosas también. ¡Todo en la vida es un aprendizaje! Cada juego, cada cuento, cada acto, cada persona tiene aprendizajes intrínsecos. Pero no jugamos para aprender, leemos para aprender y nos relacionamos para aprender. ¡Eso se da por sí solo!
Hay otra cosa con los cuentos sobre emociones. No le gustan a los niños. Puede haber excepciones, pero en mi experiencia muy pocas veces he tenido niños que se emocionen con este tipo de cuentos. Quizás otras personas han tenido otra experiencia, yo hablo de mí. Tampoco es que los niños le hagan asco. La mayoría de los niños, si no tienen el cerebro completamente secuestrado por la tv, el móvil y miles de juguetes de todas las formas y colores, agradecerán un cuento sea cual sea. Básicamente el cuento les proporciona un momento de conexión y acompañamiento asegurado. Eso ya es suficiente para que el niño desee leer el cuento. Pero una cosa es que lo toleren y lo agradezcan y otra cosa es que lo deseen.
Si los cuentos no le llegan al corazón corremos el riesgo de que no se enganchen a este apasionante mundo de la lectura. Esto pasa también a muchos niños a los que intentamos enseñar a leer y escribir antes de estar preparados, por cierto.
Sinceramente hay libros de emociones preciosos, pero pienso que son más para el adulto que para el niño.
Si quieres que tu hijo le coja el gusto a cocinar no le compres un libro sobre lo divertida que es la cocina, simplemente cocina tú. Él sentirá tu emoción y no habrá aprendizaje más grande que ese. Si no tiene puesta la tv mientras tu cocinas seguramente se acercará a ver que pasa por ahí y compartiréis unos bellos momentos juntos.
Si quieres que tu hijo aprenda la importancia del descanso no le leas un cuento sobre lo guay que es irse a dormir a la cama y no ver la tv por la noche. Simplemente establece los límites necesarios para que eso se dé, dale ejemplo y ponle un poco de amor a la ecuación.
Si quieres que aprenda a expresar sus emociones dale espacio para eso, acompáñale, interésate por cómo se está sintiendo, ayúdale a poner palabras, exprésate tú.
A veces tengo la sensación de que complicamos todo más de lo necesario. La vida es sencilla en realidad.
Luego hay otra cosa con el tema de los cuentos. Es el Mc. Donald de los cuentos. Estanterías en casa o en el cole llenas de cientos y miles de libros de diferentes formas y colores.
Eso es consumismo y el consumismo nunca hace bien.
El exceso satura la mente y los sentidos.
Pienso que un niño necesita poco de todo en buena calidad para poder apreciarlo. En concreto, con libros, historias, incluso con películas, un niño necesita mucha repetición para poder asimilar diferentes matices de la historia. Necesitan que esa historia además se repita a lo largo de diferentes etapas, donde podrán encontrar sentidos diferentes en función de su desarrollo cognitivo y emocional.
En el aula con niños de 0-3 años repito las mismas historias durante 3 semanas aproximadamente, cada día. Y no, los niños no se cansan.
Es más, al año siguiente las vuelvo a repetir y las acogen con la misma ilusión y diferente comprensión.
Siempre son historias sencillas, con imágenes realistas, relacionadas con la naturaleza y con el mundo de las hadas y los duendes.
En esta etapa sus preferidas sin duda son las de animales. La imagen siempre es lo más realista posible, con tonos suaves y letras claras (aunque no sepan leer).
No siempre leemos cuentos y no suelo buscar cuentos para niños de 1,2 o 3 años porque es raro que me gusten. Normalmente son cuentos de 3 a 6 años en los que suelo adaptar la historia para hacerla más corta, pues su capacidad de atención focalizada es mejor.
A veces son historias sin libro, aunque suelo utilizar algún soporte (postales con dibujos que hago yo, marionetas caseras, etc…). Me he dado cuenta con el paso del tiempo de que ese soporte les ayuda mucho.
En 0-3 hago muchas retahílas y juegos de dedos, rimas cantadas, etc… Estas también son historias en las que la proximidad y el tacto cobran un especial sentido. Es la etapa de los cuidados vinculantes y de sentirse protegidos.
Me gustan mucho los cuentos al amor de la lumbre, las historias de los hermanos Grimm, los cuentos tradicionales, la literatura de inspiración waldorf, las historias de mitología (para los más mayores).
Otros libros que suelo tener en el aula a libre disposición y que usamos muchísimos son libros de animales o naturaleza. Libros de tipo enciclopédico con imágenes reales que dan para muchos vistazos y juegos.